Cuando empaqué para Melbourne, en febrero de 2017, mi mamá me metió diez latas de atún en la maleta. Yo me reí y le dije que allá también había comida. Esas diez latas terminaron siendo mi plan de supervivencia los primeros diez días, cuando no conocía a nadie, no hablaba inglés y no sabía ni en qué supermercado comprar.

La maleta no es un detalle logístico. Es lo primero que te dice si pensaste el viaje o si solo lo soñaste. Te cuento cómo la armaría hoy, con ocho años de Australia encima.

¿Qué ropa debo llevar según la ciudad y la estación?

Las estaciones están invertidas: diciembre a febrero es verano y junio a agosto es invierno. Empaca para la ciudad y el mes exactos en que aterrizas, no para Australia en general.

Este es el error número uno. La gente empaca para una idea de Australia — playa, calor, surf — y aterriza en Melbourne en julio. Yo llegué en febrero, que es verano, y me pareció que todo el mundo exageraba con el frío. Después me tocó limpiar tranvías de madrugada en invierno y entendí.

Melbourne te puede dar cuatro estaciones en un mismo día, así que ahí la clave son las capas: camiseta, buzo, chaqueta impermeable. Sídney es más templada pero con inviernos húmedos que se sienten más fríos de lo que dice el termómetro. Brisbane es calurosa y muy húmeda buena parte del año. Perth es de calor seco y fuerte. Si todavía no has decidido dónde, mira primero cómo elegir la ciudad correcta para estudiar, porque eso cambia hasta la maleta.

En serio: lleva menos ropa de la que crees. Vas a vivir en lavadoras compartidas y en espacios pequeños. Lo que de verdad se usa es ropa cómoda, un par de zapatos buenos para caminar mucho, una chaqueta que sirva para lluvia y un solo conjunto formal por si tienes una entrevista.

¿Qué no vale la pena traer desde Colombia?

Electrodomésticos, cobijas, toallas, ollas y ropa de invierno pesada. Ocupan media maleta, se consiguen allá de segunda mano y muchos ni siquiera funcionan con el enchufe australiano.

El enchufe australiano es distinto al colombiano y el voltaje también, así que la plancha, el secador y la olla arrocera que estás mirando ahora mismo probablemente no valgan el espacio. Un adaptador universal sí, eso es lo primero que compraría.

Tampoco traigas todo el ajuar de la casa. En Australia hay una cultura enorme de segunda mano: Gumtree, grupos de Facebook, ventas de garaje, gente que se devuelve a su país y remata todo. Mi primera casa la armé así. Empiezas con un colchón inflable — el mío duró más de lo que quisiera admitir — y vas completando.

¿Qué sí conviene traer porque allá es carísimo?

Tus gafas o lentes de contacto de repuesto, tu tratamiento dental al día y tus medicamentos con fórmula, porque el seguro de estudiante no cubre odontología, óptica ni fisioterapia.

Esto no es opinión, es una condición del OSHC: cubre médico, hospital, ambulancia y medicamentos limitados, pero deja por fuera odontología, óptica y fisioterapia. O sea que la muela que te está molestando desde marzo, arréglala en Colombia. El par de gafas de repuesto, tráelo. Si usas lentes de contacto, trae los que puedas.

Lo demás es mi impresión personal después de ocho años viviendo allá, no una lista de precios: lo que más se siente caro no son los objetos, son los servicios y todo lo que implique que alguien haga algo por ti. Si algún artículo específico te preocupa, míralo en la página de una tienda australiana antes de sacrificarle espacio a la maleta. Yo no te voy a inventar cifras.

Cosas pequeñas que sí agradecí: un termo, mi cargador y un cable de repuesto, y algo de mi casa que no pesara. Suena bobo hasta la primera noche que te da nostalgia.

¿Qué está prohibido o hay que declarar en la aduana australiana?

Toda comida, planta, semilla o producto animal se declara en la tarjeta de llegada. Declarar es gratis y no te sancionan por declarar, incluso si el producto no está permitido.

Australia es una isla con un control de bioseguridad muy serio, y esto es lo que más nos cuesta entender a los latinos. Hay que declarar carne, pollo, pescado, mariscos, huevos, lácteos, frutas y verduras. Plantas y partes de plantas, incluidos granos, semillas, nueces, bulbos, paja, madera, hierbas y medicinas tradicionales. Productos animales, incluida la comida de mascotas y los productos de abeja. Y tierra o cualquier cosa con tierra pegada: zapatos de trekking, guayos, equipo deportivo.

Traducido a maleta colombiana: la panela, el café en grano, el bocadillo de guayaba, las semillas que te dio tu tía, las hierbas medicinales, la carne seca y las artesanías de madera. Todo eso se declara. La frase oficial de la Border Force es clarísima: no te sancionan por declarar tus productos, incluso si no están permitidos. Lo que sí se sanciona es no declararlos.

Y las sanciones no son simbólicas. Van desde alrededor de 660 dólares australianos y superan los 3.960 para bienes de alto riesgo — esas cifras se actualizaron en julio de 2026, así que verifícalas en la página oficial de biosecurity antes de viajar. Peor todavía: si tienes una visa temporal, te pueden remitir a la Australian Border Force para que estudien cancelarla. Nadie quiere que su año se acabe en el aeropuerto por un bocadillo.

También hay límites de lo que puedes entrar libre de impuestos — 2,25 litros de alcohol, 25 cigarrillos o 25 gramos de tabaco, y 900 dólares australianos en bienes generales — y si llevas 10.000 dólares australianos o más en efectivo, hay que declararlo.

"No te sancionan por declarar. Te sancionan por no declarar. Esa sola frase te ahorra el peor primer día posible."

Y entonces, ¿las diez latas de atún?

Hoy le diría a mi mamá que las metiera igual, pero que yo las declarara. El atún enlatado es producto de mar y va en la casilla de comida. Declararlo no me habría costado nada; lo que cuesta es que te encuentren algo que no dijiste.

Esas latas hicieron algo más que alimentarme. Me dieron diez días de margen mientras entendía dónde comprar barato y cómo funcionaba todo. Ese margen es el verdadero regalo, y hoy prefiero que venga en forma de dinero: por eso siempre insisto en cuánto dinero deberías llevar realmente para empezar.

Lo que yo haría en tu lugar

Haría tres montones sobre la cama: lo que no puedo reemplazar allá (documentos, medicamentos, gafas), lo que voy a usar la primera semana, y lo que estoy empacando por miedo. El tercer montón se queda. Después revisaría la maleta buscando comida, semillas y tierra, y anotaría todo lo que voy a declarar.

Y separaría aparte, en la mochila, todo lo que no puede ir en bodega: mira qué documentos llevar impresos y cómo armar el equipaje de mano para más de 30 horas de vuelo. Cuando tengas todo, pásale el ojo al checklist final antes de subirte al avión.

Si quieres, cuéntame por WhatsApp a qué ciudad llegas y en qué mes, y te digo qué me llevaría yo. Sin fórmulas mágicas, pero con ocho años de haberme equivocado primero. Y si quieres saber cómo se siente el aterrizaje de verdad, te lo conté en el día que llegué a Melbourne con una maleta.