No tenía ahorros. Venía de un barrio de estrato 2 en Bogotá, trabajaba en una agencia de viajes con un sueldo normal y mi familia no tenía cómo financiarme un año afuera. Lo único que tenía era una idea fija y 23 años.

Me fui en febrero de 2017 con un crédito del ICETEX. Es decir: me fui debiendo.

¿Cómo financié mi viaje a Australia sin tener ahorros?

Con un crédito educativo del ICETEX. No fue una beca ni un patrocinio: fue plata prestada que había que devolver con intereses.

Quiero decirlo así de crudo porque la palabra crédito a veces suena suave. Un crédito no es ayuda: es una obligación. Yo lo tomé sabiendo eso, y aun así creo que subestimé lo que significa emocionalmente empezar una vida nueva con una deuda corriendo a tus espaldas.

No te voy a dar cifras, plazos ni tasas del ICETEX, porque las condiciones cambian y no quiero que tomes una decisión con un número desactualizado que leíste en un blog. Consúltalas directamente en la fuente oficial y con tu caso específico. Lo que sí te puedo dar es lo que nadie te cuenta: cómo se vive eso.

¿Qué cambia cuando te vas endeudado?

Cambia tu margen de error. Sin deuda puedes darte semanas para adaptarte; con deuda, cada semana sin trabajar se siente como un retroceso.

Esa es la diferencia real, y es enorme. La persona que llega con ahorros puede permitirse buscar un trabajo que le convenga. La persona que llega debiendo toma el primero que aparezca, al precio que sea y en el horario que sea.

Yo limpié casas, hice housekeeping de hotel, limpié estadios de madrugada y tranvías en pleno invierno. No elegí ninguno de esos trabajos por vocación: los tomé porque necesitaba que entrara plata ya. Ese recorrido lo cuento en en qué trabaja uno realmente cuando llega.

La segunda cosa que cambia es la cabeza. La deuda te acompaña al turno. Te hace calcular en pesos todo el tiempo, te quita el permiso de descansar y te mete una culpa rara cuando gastas en algo que no sea estrictamente necesario. Eso desgasta, y nadie lo pone en el folleto.

¿Cómo pesó la deuda en mi primer año?

Mucho, sobre todo los primeros meses. Dormí en un colchón inflable, viví de latas de atún y acepté todos los turnos que me ofrecieron.

El primer año fue de supervivencia pura. Mi mamá me metió diez latas de atún en la maleta y fueron mi comida los primeros diez días. Dormí en un colchón inflable en un cuarto compartido. Contaba monedas antes de comprar. Y todo eso mientras estudiaba y aprendía un idioma que no hablaba.

Pero también quiero ser justa: la deuda me dio una disciplina que probablemente no habría tenido de otra forma. Me obligó a organizarme, a no gastar en tonterías y a tomarme en serio cada turno. No lo romantizo —preferiría mil veces haber ido con ahorros— pero tampoco voy a fingir que solo tuvo costos.

“La deuda no me pesó por la plata. Me pesó porque me quitó el derecho a tener un mal mes.”

¿Qué debería preguntarme antes de endeudarme para irme?

Cinco: cuánto debo, con qué cuota, quién responde si no puedo pagar, qué pasa si me niegan la visa y cuándo tendré ingresos allá.

No soy asesora financiera y no voy a decirte si endeudarte es buena idea: eso depende de tu situación, de tu familia y de tu tolerancia al riesgo. Lo que sí puedo darte son las preguntas que yo debí haberme hecho con más calma:

  • ¿Cuál es la cuota mensual y desde cuándo empieza? No el total: la cuota. Es lo que vas a sentir.
  • ¿Quién queda como codeudor y qué pasa con esa persona si yo no puedo pagar? Esta pregunta se evita mucho y es la más importante de todas, porque involucra a alguien que te quiere.
  • ¿Qué pasa con el crédito si me niegan la visa? Hay escenarios que hay que prever antes. Sobre ese riesgo escribí en qué pasa si te niegan la visa.
  • ¿Cuánto voy a tardar en tener ingresos allá? No des por hecho que consigues trabajo la primera semana; mira cuánto suele demorarse el primer trabajo y presupuesta ese hueco.
  • ¿Tengo un plan B si algo sale mal el primer semestre? Enfermedad, un vuelo de emergencia, un curso que no funciona. Yo tuve que viajar de urgencia a Colombia en mi primer año cuando mi papá enfermó. Esas cosas pasan.

Antes de firmar nada, haz el ejercicio completo de costos con cuánto cuesta en total el primer año todo incluido, y mira si existen otras rutas en becas, descuentos y formas de financiar el proceso. A veces la combinación de pago por cuotas y menos deuda sale mejor que un crédito grande.

¿Volvería a hacerlo?

Sí, pero con más colchón. Volvería a endeudarme para irme, con la condición de llegar con dinero suficiente para los primeros dos o tres meses.

Esa es la corrección que haría. No el crédito en sí, sino el margen. Llegar con casi nada me puso en una posición de fragilidad que me costó salud y tranquilidad, y que además me hizo aceptar condiciones laborales que hoy no aceptaría.

Si vas a irte con deuda, que la deuda cubra también el colchón de llegada. Ese es el punto entero de cuánto dinero llevar para empezar. La razón por la que me fui, y todo lo que había antes, lo cuento en cómo pasé de una agencia de viajes en Bogotá a Melbourne.

Lo que yo haría en tu lugar

Yo no tomaría el crédito para el proceso completo hasta tener claro el plan completo: curso, ciudad, visa, cuánto vas a necesitar los primeros meses y qué harías si algo falla. Y hablaría con el codeudor de frente sobre el riesgo real, no sobre la versión bonita.

Si quieres, me escribes por WhatsApp y armamos el cálculo real de tu caso, sin adornos, para que sepas exactamente cuánto necesitas antes de comprometerte con nadie.